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Cosechar la lluvia, frenarla, infiltrarla y regar por gravedad.
La regla es que el agua salga del terreno lo más tarde posible. Cada gota que corre se lleva suelo; cada gota que se infiltra recarga la napa y alimenta las raíces durante meses.
Temprano a la mañana o al atardecer, nunca al mediodía. Mejor regar mucho y espaciado que poco y todos los días: obliga a las raíces a bajar. Con buena cobertura de suelo, la huerta necesita entre la mitad y un tercio del agua que necesita un suelo desnudo.
El agua de la ducha y de lavar verduras (sin detergentes fuertes) puede desviarse a una zanja con plantas que la filtran (juncos, totoras) y de ahí a los frutales. No usarla nunca en hojas que se comen crudas.