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Por qué volver a aprender a vivir con la naturaleza
La naturaleza lleva aproximadamente 4.500 millones de años evolucionando, adaptándose, destruyendo y volviendo a construir. Nosotros somos recién llegados, una de las ideas fundamentales de esta iniciativa es, por lo tanto, muy sencilla: no subestimar a la naturaleza.
Podemos modificarla, contenerla durante un tiempo e incluso creer que la dominamos. Pero, a largo plazo, sólo perduran aquellos procesos capaces de integrarse nuevamente a sus ciclos. La naturaleza no produce residuos: lo que termina para un organismo comienza para otro. No necesita un crecimiento infinito, utiliza la energía disponible, recicla los materiales y encuentra constantemente nuevos equilibrios.
Nuestra civilización, en cambio, construyó durante los últimos siglos un extraordinario sistema económico y tecnológico basado en el crecimiento continuo y en el consumo de enormes cantidades de energía y recursos. El petróleo hizo posible buena parte de ese desarrollo. No solamente mueve vehículos: participa en la agricultura, los fertilizantes, los plásticos, la minería, la construcción, el transporte mundial y en innumerables procesos necesarios para fabricar incluso muchas de las tecnologías que consideramos alternativas.
Por eso nos preguntamos algo incómodo:
¿Puede un sistema basado en consumir cada vez más recursos continuar indefinidamente en un planeta finito?
Creemos que no. La electricidad y las nuevas tecnologías pueden ayudarnos enormemente durante la transición, pero sustituir una fuente de energía por otra no resuelve por sí solo el problema fundamental de una sociedad que necesita consumir y crecer permanentemente.
Nuestra filosofía parte de una idea sencilla: consumir lo menos posible y utilizar solamente aquello que realmente funciona y nos da una buena calidad de vida: buena alimentación, buen descanso, un entorno saludable, ejercicio natural, relaciones afectivas y apoyo mutuo. No rechazamos algo simplemente porque sea moderno, industrial o tecnológico. Tampoco lo adoptamos sólo porque sea nuevo, hay que observar, tener criterio y contemplar todas las variables al tomar decisiones. Observamos, probamos, comparamos y elegimos.
Si una tecnología simplifica la vida, consume pocos recursos, puede mantenerse durante mucho tiempo y nos permite ser más independientes, la aprovechamos. Si genera más dependencia que beneficio, intentamos prescindir de ella.
La misma regla vale para nuestras necesidades. Antes de preguntarnos cómo producir más energía, más alimentos o más bienes, podemos hacernos una pregunta todavía más importante:
¿Realmente necesitamos consumir tanto?
Hay una antigua idea de la filosofía china que expresa muy bien este criterio:
"Aparta aquello y toma esto."
Dejar lo innecesario, nocivo y perjudicial y conservar lo esencial. No adoptar sistemas completos ni rechazarlos por completo. Observar la realidad y tomar de cada cosa aquello que funciona, resulta conveniente y permite vivir mejor.
No proponemos abandonar la tecnología ni regresar al pasado, proponemos algo mucho más sencillo: utilizar solamente la tecnología que realmente nos mejora la vida y aprender a depender menos de ella.
Producir parte de nuestros alimentos. Recuperar la fertilidad del suelo. Cuidar y almacenar agua. Plantar árboles. Conservar semillas. Aprovechar el sol. Construir de manera sencilla. Reparar antes de reemplazar. Compartir conocimientos. Consumir menos y disfrutar más. La tecnología debe ser una herramienta al servicio de las personas y no una condición indispensable para que podamos vivir.
Este proyecto nace también de una preocupación personal: qué mundo estamos dejando a nuestros hijos, nietos y a las generaciones que todavía no nacieron.
No sabemos cómo será el futuro, tampoco pretendemos predecirlo. Pero sí podemos preguntarnos qué cosas seguirán siendo necesarias independientemente de lo que ocurra: agua limpia, suelo fértil, alimentos, semillas, refugio, energía, conocimientos y otras personas con quienes cooperar. Prepararnos no significa aislarnos del mundo.
Significa aprender a depender menos de sistemas que no nos benefician.
Nuestra propuesta es desarrollar una granja orgánica, sustentable y de baja dependencia tecnológica, capaz de satisfacer una parte importante de sus necesidades aprovechando procesos naturales.
Un lugar donde aplicar procesos que funcionan, documentarlos y compartir gratuitamente ese conocimiento para que otras personas puedan reproducirlos y mejorarlos.
No buscamos una granja completamente autosuficiente ya que la naturaleza misma funciona mediante relaciones e intercambios.
Buscamos una célula resiliente, conectada con otras células: familias, productores, artesanos y comunidades capaces de producir, aprender, intercambiar y ayudarse mutuamente. No se trata de vivir a costa de la naturaleza, se trata de volver a aprender a vivir con la naturaleza.
Porque si algo nos enseñan 4.500 millones de años de historia es que nosotros podemos desaparecer. La naturaleza continuará.